Sacerdotes argentinos que peregrinaron a Medjugorje, por nuestro intermedio.

padre ANGEL AGUIRRE
padre HECTOR ALBARRACIN
padre HUGO A. ARANA
padre HECTOR M. ARMELIN
padre FRANCISCO BAIGORRIA
padre JUAN PABLO BERRA
padre MARTIN BRACHT
padre RUBEN CABRERA
padre FERNANDO CARMONA
padre CARLOS ALBERTO CHAVES
padre JUAN FRANCISCO DE ESTRADA
padre ABEL H. GASPAR
padre RICARDO U. GONZALEZ
padre NESTOR de GREGORIO
padre Máximo Leonardo HERGENREDER
padre JUAN CARLOS LISA
padre PEDRO MARANO
padre GUILLERMO MARCO
padre FERNANDO MERINO
padre JUAN JOSE METTINI
padre JAIME MOREA
padre JOSE PARODI
padre DANIEL PAVON
padre RODRIGO RIVANEGRA
padre OMAR ROHRMANN
padre EDUARDO ROMERO
padre CARLOS ALBERTO SCARPONI
padre JORGE ROBERTO SEIBOLD S.J.
padre MARTIN SERANTES
padre ANIBAL SOSA LABORDA
padre JOSE MARIA SUAREZ
padre PABLO TABOADA
padre NESTOR TEJERINA
padre JUAN CARLOS VIGNOLI
padre FLORENCIO VILADOMS VILA
padre CHRISTIAN WESCHLER
padre RAMON ESTANISLAO ZAPATA

Algunos de estos sacerdotes, peregrinaron más de una vez a Medjugorje. Iremos agregando a este listado los nombres de los próximos sacerdotes peregrinos. Pedimos disculpas si omitimos algún nombre.

Religiosos

hermana OLGA MARIA (Editorial Paulinas)
hermana Franciscana INÉS BRAUN








Sacerdotes extranjeros que peregrinaron por nuestro intermedio.

padre JAVIER HERNANDEZ (Uruguayo)
padre JOHN O´CONNORS (Irlandés)
padre PEDRO WOLCAN (Uruguayo)







TESTIMONIO DE MARIA DE VALLEJO-NÁGERA (1)
www.mariavallejonagera.com
Medjugorje - la gran maravilla Mariana de nuestros tiempos

(1) María es una reconocida y prestigiosa escritora española que ha editado con gran éxito de lectores varios libros en Europa. En esta oportunidad ella brinda testimonio de su experiencia personal en Medjugorje, y el inicio de un camino de conversión que ello produjo en su vida. Vea una breve biografía de la autora al pié del texto o ingresar a www.mariavallejonagera.com

Vivir en Londres suponía un gran alivio mientras la guerra devastaba a una pobre Bosnia herida de muerte. Recuerdo que me sentía muy segura y bendecida mientras miraba horrorizada los documentales y Noticieros en los que informaban sobre la magnitud de la violencia de esa humana carnicería. “Estamos tan lejos del peligro…”, pensaba con alivio mientras observaba mis dos pequeñas gemelas jugando en nuestro hogar londinense. Como española, había oído muchas veces en mi niñez relatar a mis padres los acontecimientos criminales que tuvieron lugar en mi país durante la guerra Civil. Ambos eran niños pequeños cuando el odio, la sangre y la ira arrasaron España, pero ajena en el tiempo, no me daba cuenta de la envergadura de sus escalofriantes relatos.

Mi padre solía repetir: “pasé hambre durante tantos meses… Por ello no soporto cuando tu, mi hija, dejas un solo pedacito de comida en el plato. ¡Si sólo supieras lo que es una guerra no lo harías! Si hubieses padecido hambre de verdad, no rechazarías ni una migaja de pan.” Me quedó claro desde entonces que había sido realmente bendecida en mi vida por no haber tenido que padecer semejante infierno, y por ello, cuando me enteré de los brutales acontecimientos que se estaban produciendo en ex-Yugoslavia, sabía que nuevamente había sido protegida por el amor de Dios de un modo inconmensurable.

El mundo observaba vergonzosamente silencioso el conflicto, y por ello,  me quedé positivamente sorprendida cuando dos de mis mejores amigas me comunicaron que estaban planificando emprender un viaje a un pequeño y perdido pueblo llamado Medjugorje en las montañas de Bosnia-Herzegovina. “¿Estáis locas?”, les pregunté con cara de espanto mientras disfrutábamos un almuerzo en un restaurante de moda en Londres. “¡Ese país está en guerra!” , les amonesté. “Sí, lo se” contestó una de ellas. “Pero precisamente donde vamos no ha pasado realmente nada, de momento…” “¿Como es posible?” pregunté incrédula. “Todo ha sido arrasado a causa de los bombardeos en esa zona. Ayer los serbios explotaron el maravilloso puente de Mostar”.

Entonces ambas comenzaron a relatarme con gran entusiasmo todo lo que conocían sobre los acontecimientos de Medjugorje: lo que sabían sobre las supuestas apariciones que habían tenido lugar durante tanto tiempo; me hablaron hasta aburrirme sobre los jóvenes y testarudos videntes que insistían una y otra vez en que veían a Nuestra Señora; me describieron los milagros producidos en ese pequeño pueblito que la ciencia de los militares comunistas nunca pudieron explicar científicamente. Me hablaron del muy famoso padre Jozo, párroco del pueblo, que soportó estoicamente las torturas físicas y psíquicas a las que le sometió la milicia del régimen de Tito cuando comenzaron las supuestas apariciones… “Estamos decididas a ir allí”, me insistieron una y otra vez a pesar de mis peticiones a que recobraran el juicio extraviado. “¿Para que?” exclamé al fin muy turbada. “¿Es que os habéis convertido en dos ingenuas ridículas que juegan a ser heroínas en un infierno sin solución? ¡Os van a pegar un tiro por inconscientes! ¡Vais a cometer una terrible insensatez!”  “Pero sólo queremos rezar allí…”, contestaban tímidamente y con cierto sonrojo.  “ ¡Por favor: podéis rezar aquí, en Londres, donde no hay guerras y donde podéis encontrar iglesias en todas partes!”

Tengo que admitir que entonces, aunque me hubiese considerado católica toda mi vida, mi fe era tibia. Se me podría haber definido como “católica social”, mostrando siempre hastío durante el santo oficio de la misa, no comprendiendo realmente muchas de sus partes y procurando asiduamente escaparme de la dominical visita a la Iglesia.  Mis padres me habían criado en un ambiente católico, los colegios a los que acudí eran católicos, pero no había una sensación real de la presencia de Dios en mi corazón. Había ausencia del amor hacia Cristo en mi vida. Dios Padre era un gran desconocido para mí, un amigo que sabía que existía pero a quien aún nadie me había presentado debidamente. Acudía a la misa dominical más por empuje social que por deseo. No quería romper la armonía dominical en el hogar paterno, así que me dejaba arrastrar por el sentimiento del deber de ir a misa el domingo, simplemente “por que sí”. La España de entonces era así. Si la familia, los amigos y los conocidos iban a misa, pues yo también iba y punto.

 Al ser mi fe tan tibia e inconstante, no podía más que reprender a mis amigas en aquel almuerzo londinense en el año 1998. Les repetía una y otra vez que iban a experimentar una manera insensata y ridícula de acercarse a Dios. Nuestros esposos habían conseguido con mucho esfuerzo, trabajos bien remunerados con los que nos mantenían envueltas en mimos. Éramos madres jóvenes, esposas felices y la vida nos había dado unos hijos preciosos. En definitiva: teníamos la felicidad entre las manos. O por lo menos eso era lo que creíamos… Mi enfado fue creciendo conforme este tipo de pensamientos me abordaban en aquel almuerzo. Era absurdo que dos amigas a las que consideraba inteligentes y buenas madres, dijeran semejantes estupideces.

¿Acaso habían perdido la cordura? ¿Se habían dejado arrastrar por un grupo de fanáticos creyentes cuyas ideas podían dañarlas? Intenté de nuevo hacerlas entrar en razón utilizando todo tipo de argumentos lógicos. Sin duda, era un disparate emprender una extraña aventura espiritual recorriendo la desolada y peligrosa Bosnia del 98. Fui dura con ellas, honesta y sincera, y recibieron mi reprimenda con un corazón humilde y ojos avergonzados. Su sumisión ante mis quejas me enervó aún más. “¡Sois un par de románticas atolondradas!”, exclamé con exasperación. “¡Y para colmo de tanta locura, ni siquiera sois Católicas! No vais a entender nada de lo que os puedan explicar es ese recóndito lugar entre tanques. Me sorprende que os creáis las ridículas mentiras de 6 muchachos embusteros católicos de un pueblo perdido en medio de una guerra”.

Tras un tenso silencio, una de mis compañeras se atrevió por fin a preguntarme: “¿nos consideras unas locas sólo porque queremos rezar en un lugar santo? ¿Acaso es un disparate tener sed del amor de Dios? ¿Es una locura querer ayudar a los que más sufren, en un momento de gracia espiritual?” “Sois tontas por el hecho de creeros un montón de pamplinas… ¡Cómo podéis pensar que los hechos que os han relatado sobre Medjugorje pueden ser verídicos! Por favor… “Vais a encontrar una muerte violenta en ese lugar”, contesté llena de desesperación. En ese preciso instante advertí que alguien estaba muy cerca de mí, casi tocando mi espalda, justo a la altura de mis hombros. Y ese ser, o esa presencia, me habló al corazón…

“¿Porqué tienes tanto miedo de conocerme?, dijo en un tono suave y tierno. “No tengas miedo. Ven. Te espero en Medjugorje.” Me giré bruscamente llena de confusión, pero no vi a nadie tras de mí. “¿Quien me ha hablado? ¿Qué pasa?”, dije sin apenas darme cuenta. Mis dos amigas me miraron sorprendidas. “¿Quién me ha hablado en…en español?”, pregunté de nuevo colmada de estupor. Los clientes del restaurante, bulliciosos, parecían no prestarnos ninguna atención. “¿De que hablas? dijo una de mis dos amigas, “nadie te ha hablado en español. De hecho tu eres la única que nos estabas hablando, y  por cierto de una manera contundente…”  Empecé a temblar…Algo o “alguien” estaba allí, en ese restaurante, hablándome en español, pero no podía ver absolutamente a nadie.

La presencia estaba penetrando cada vez más profundamente en mi corazón y en mi intelecto, y su voz era tan clara como un cristal, suave y tierna. “Ven, no tengas miedo…”, me decía. Entonces, sin saber cómo ni por qué, pronuncié las palabras que cambiarían mi vida, mi familia y mi profesión para siempre. “Realmente no se porque estoy diciendo esto, pero creo que me voy a ir con vosotras a Bosnia…  Iré cuando termine la guerra.” Mis amigas se miraron la una a la otra sin decir una palabra, con los rostros encogidos por el asombro y el corazón lleno de incógnitas…

Unos meses después embarqué hacia lo desconocido en un avión con destino a Split. Me acompañaban un pequeño grupo de amigos, un gran grupo de desconocidos peregrinos anglicanos, y un sacerdote algo entrado en años. Mi corazón temblaba como un hoja al viento. Seguía convencida de que toda la idea era un gran disparate, y Medjugorje y sus historias un puñado de mentiras. Pero aún con esos sentimientos colgando por el intelecto, me sentía impulsada a emprender aquella locura a raíz del recuerdo de aquella extraña experiencia vivida en un restaurante londinense.  Desde que me ocurriera, poco o nada había averiguado sobre Medjugorge y las supuestas apariciones marianas a aquellos seis jóvenes bosnios. Simplemente observaba la alegría de mis amigas cada vez que regresaban de aquel lugar.  Escondí en mi corazón mis temores y me dejé arrastrar por un aplastante deseo de seguirlas hacia aquellas áridas montañas que tan poco tiempo atrás habían sufrido el odio humano hasta límites hiperbólicos. Mi primer día en Medjugorje fue  decepcionante. El pequeño pueblo no era otra cosa más que un pequeño pueblo despeluchado.

Refunfuñé desde el primer momento en el que puse mi pie en sus entrañas e inmediatamente concluí que mi viaje sería el resultado de un estúpido arrebato de inmadurez.  Aún así, intenté ser amable y educada.  Tuve agradables conversaciones con mi nuevo grupo de aventureros, e intenté aprovechar la sabiduría de un encantador e inteligente, (además de santo), sacerdote irlandés, quien hizo de guía en nuestro grupo. Aquel buen hombre se mostró extraordinariamente amable conmigo, siendo infinitamente pacienciente a la hora de responder las mil preguntas con las que le mareaba sobre Medjugorje. Tuvo la delicadeza de presentarme a los maravillosos sacerdotes franciscanos del lugar. Aquel primer día hicimos lo que todo peregrino suele hacer allí: acudimos a misa en la mañana, (la del idioma inglés), en la parroquia de Santiago. Rezamos el rosario subiendo el monte Podbordo, (más conocido como “el monte de las apariciones”), y almorzamos en el restaurante Colombo, situado en el corazón del pueblo, justo junto a la iglesia.

Por la tarde simplemente paseamos por las tiendas y nos unimos al enorme grupo de peregrinos para orar el Santo Rosario dentro de la Iglesia. Tengo que reconocer que hasta entonces nunca había rezado el Rosario; tampoco nadie me había enseñado a hacerlo.  Mi primer rezo del Rosario ese día me pareció largo y muy aburrido. De hecho, cuando lo hice, me sorprendió lo mucho que me aburría y lo complicado que se me hacía orar. Por ello, el día siguiente amanecí de malas pulgas, refunfuñona y con ganas de engrescarme con mi amiga, quien me avisó de que tendríamos que acudir de nuevo a misa.   “¿Pero otra vez tenemos que ir a misa? ¿Acaso no fuimos ayer?” , protesté de malas maneras. “Yo hoy ya no voy… Iré el domingo que viene; hoy es Lunes y no es obligatorio, así que dejadme en paz”.

A pesar de todo, y como en el fondo soy perro ladrador pero poco mordedor, fui de todos modos cuando el resto del grupo me rogó que les acompañara. Acudí y.., me aburrí durante toda la ceremonia, por lo que más que atender a los sacerdotes que concelebraban, me dediqué a pensar en mi cosas… Cuando al fin finalizó la misa, nos avisaron para que nos apresuráramos para acudir a una sala de conferencias situada justo detrás de la iglesia, pues el más joven de los 6 videntes, Jacov, daría  testimonio a los peregrinos interesados sobre sus extraordinarias experiencias con la Virgen. Aquello ya me pareció más atractivo, así que me dirigí con presteza junto a mis nuevos amigos hacia el lugar,  más movida más por la curiosidad que por la fe. Recuerdo nítidamente cómo nos encaminamos presurosos hacia el lugar de la conferencia, recorriendo la larga fila de confesionarios al aire libre, rozando con nuestras zancadas, las inmensas colas de peregrinos que deseaban confesarse aquella mañana limpia y soleada.

El día era claro y caluroso. De pronto, sin saber cómo ni porqué, sentí una intensa necesidad de dirigir mis ojos hacia ese luminoso cielo primaveral. No capté nada fuera de lo normal, o de carácter sobrenatural, como muchos peregrinos admiten haber visto en Medjugorje. Pero sí sentí una extraordinaria experiencia de amor. En mi corazón lo que me ocurrió duró 10 minutos, pero en la realidad, cuando comprobé el tiempo transcurrido real por mi reloj, sólo  3 segundos se habían sucedido. Créanme si les digo que esos tres segundos cambiaron mi vida para siempre…. En tan poco tiempo, me invadió todo el cuerpo y el alma un inmenso e indescriptible amor. Parecía a mis ojos como un rocío que se me posaba en el pelo, la cabeza, los brazos, en todo el cuerpo… Algo indescriptiblemente bello se derramó sobre mí. No puedo describirlo, pues no se parece a nada de lo que conocemos a nivel material, o físico. No era agua, no era tierra… Era un rocío incoloro, fino como la brisa o como el suspiro de un niño.

El poder de ese rocío, o de esa sensación era extraordinariamente poderosa. Su carga era sólo amor, pero un amor en grado hiperbólico, infinito… Mis pasos se pararon en seco; quedé totalmente rígida y fijé la vista forzadamente sobre las nubes, el sol, el cielo... El tiempo parecía haberse detenido. Nada se movía a mi alrededor: la gente, los pájaros, los ruidos…todo quedó callado, quieto, expectante…. El amor que me rodeaba, que me cubría la piel, los ojos, la ropa, la cabeza, era tan poderoso que me di cuenta que quería seguirlo hasta el final. Me dominó un profundo entendimiento, una luz interior inconcebible , que me anunció sin lugar a dudas de que lo que se estaba derramando sobre mí, era el eterno y perfecto amor de Jesucristo. Entonces, una voz me habló al corazón. Era masculina, suave y a la vez regia y mandataria. No puedo describirla bien, pues no encuentro las palabras adecuadas para hacerlo correctamente… Esas palabras dijeron: “Hija mía, así es como te amo. Así es como amo a TODOS Y CADA UNO de vosotros”.

De pronto algo explotó dentro de mi corazón. ¡Quería llorar, quería morirme! Cerré los ojos, y con el alma en vilo sé que contesté: “ mi Señor, mi pobre Dios. Si esa es la manera en que nos amas, qué injusto es el amor del hombre, porque humanamente es imposible corresponder a este amor tan perfecto, completo y eterno. No es justo para todo un Dios…” Entonces, aquel amor vivo me contestó: “No puedes, ni podrás entender jamás la magnitud del amor de tu Dios. Pero es un Amor Real, y lo doy a cada ser humano gratuita e individualmente.”  Antes de que pudiera reaccionar, todo volvió a la “realidad”. Esa sensación de estar impregnada de un amor infinito había desaparecido tan bruscamente como había llegado, y allí me encontré yo, completamente confundida, asustada, dudando de mi cordura y a la vez deseando contar al mundo lo increíblemente bello que acababa de experimentar. Sólo sabía que debía de contar al mundo, dando voces si era preciso, cuanto Dios nos ama. Sentí el impulso de salir corriendo, esconderme del gentío, de aquellas nuevas amistades, para que nadie descubriera la confusión en la que estaba sumida. Sentí una terrible vergüenza al comprender que Dios todo lo ve, todo lo observa y todo lo sabe de nosotros. Cuan ingrata había sido mi vida… Jamás le había agradecido nada, ni le había amado.

Sentí un deseo irrefrenable de esconderme de los ojos de Dios. ¡Tantos pecados, tanto egoísmo hacia el prójimo, y tanto desprecio hacia la Iglesia y hacia el sacerdocio! Cuanto arrepentimiento… Quise gritar de dolor, pero gracias a Dios me aguanté las ganas… Tampoco revelé a nadie lo que me acababa de ocurrir. Deseaba ardientemente pensar, sopesar y analizar en mi interior lo vivido y dejar escapar ese dolor a través del amor que acababa de descubrir. A mi alrededor nadie se había percatado de mi experiencia, ya que, como decía, sólo habían transcurrido realmente 3 segundos. Recorrí el corto camino que me separaba del recinto de las conferencias cabizbaja y aturdida, con el corazón bulliendo entre sentimientos confusos, y con el alma cargada a la vez de miedo, vergüenza y felicidad. Por fin pude sentarme en las gradas a escuchar el precioso testimonio de un muchacho que juraba ver a la Santísima Vírgen. El testimonio de Jacov fue estremecedor por su belleza y espiritualidad. Fue entonces cuando permití que fluyeran por fin torrentes de lágrimas de mis ojos. Me percaté de que muchos de los peregrinos que me rodeaban, también lloraban con gran emoción.

Todos mis compañeros pensaron que las palabras de aquel joven vidente me calaban hasta lo más profundo del alma, y aunque así fue, mis lágrimas no se debieron a él. Tardé 6 meses en contar esta experiencia a mi querido sacerdote irlandés y a mi familia más cercana. Sé positivamente que mi conversión se produjo esa mañana de primavera, en el momento en el que el mismo Dios me reveló su amor infinito hacia los hombres, entrando así en mi vida como un huracán de emociones que no me ha abandonado hasta el momento presente. Sé que todo esto fue una realidad ocurrida en Medjugorje, mientras caminaba al lado de los confesionarios fuera de la iglesia. Sé que nunca seré la misma persona. Hay una mujer diferente en mí tras aquel golpe de ternura. Regresé a mi hogar londinense colmada de excitación, y de información sobre el Catolicismo. Desde ese extraordinario momento en mi vida, solo sentía una imperante necesidad de saber más sobre Dios; una insaciable e incomprensible sed de Dios me acompañaba en cada paso. Antes de que me pudiera percatar, una tierna influencia me enamoró de la misa. Y así, esta celebración se convirtió en el milagro más valioso e importante de mi vida.

Valiosa información sobre mi religión comenzó a entrar en mi vida con la fuerza de un huracán. Me esforcé en encontrar el sacerdote adecuado con quien confesarme cada mes, el sacerdote más sabio a quien hacer preguntas y el momento adecuado para rezar en casa con mi maravillosa familia. En casa, nuestro crecimiento en la fe no ha sido siempre un camino fácil. Han hecho falta 5 años y tres peregrinajes a Medjugorje, (uno de ellos fue un retiro con el Padre Jozo), para comprender claramente lo que me había pasado. Como consecuencia de mi conversión mis hijos rezan con nosotros desde el corazón. Ellos son creyentes y somos indudablemente muy felices como una pequeña familia católica unida.

La Virgen vive con nosotros, en nuestra casa. Es nuestra permanente y más regia invitada, y acude a nuestra llamada a través de las oraciones y los ayunos. En nuestro hogar se habla de Dios, y sí, a veces sufrimos por ello. Hoy puedo estar muy feliz, pues sé que el Señor ha borrado mis culpas del pasado a través de la confesión. Pero también sé que hasta el día en el que me vaya al cielo, debo reparar. Las humillaciones y burlas por seguir a Cristo comenzaron a llegar también a mi vida. Hay incluso personas que han dicho que he perdido la cordura. Cuando oigo semejantes críticas, no puedo dejar de sonreír y de pensar: “Si supieran lo que Dios les ama, también ellos perderían la cabeza por seguirle.” Nunca olvidaré el inmenso regalo de amor que recibí en Medjugorje. Solo le pido al Señor estar a la altura para ser un obrero para Él, con Él y en Él.

María Vallejo-Najera www.mariavallejonagera.com


Breve biografía de la autora del texto
Maria Vallejo-Nágera, (Madrid 1.964), es la tercera hija del prestigioso psiquiatra y escritor Don Juan Antonio Vallejo-Nágera. Licenciada en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su ascendente trayectoria en el mundo de las letras tras ser publicada su primera novela, (“El patio de los silencios”, Editorial Styria), que quedó quinta entre las cuatrocientas novelas presentadas en el año 1999 al Premio Planeta. A continuación, publicó su segunda novela, (“El castigo de los ángeles”, Editorial Planeta,  2.001), basada en los hechos reales experimentados por la protagonista durante un viaje a la desolada Bosnia en los más cruentos momentos de la guerra, obteniendo el halago de la prensa y del público lector y reimprimiéndose en varias ediciones.

Fue sin embargo su tercera novela, (“Un mensajero en la noche”, 2003, Editorial Belaqva), la que la ha encumbrado como las escritoras más leídas y elogiadas del mundo literario en España. Reeditada hasta el momento hasta 19 veces y publicándose también en Francia y Portugal, María Vallejo-Nágera trabaja actualmente en un proyecto cinematográfico sobre esta fascinante historia basada en hechos reales. En el año 2004 publicó su cuarta novela, (“Luna negra”, 2004, Editorial Belaqva), que ha alcanzado enorme éxito entre los medios de comunicación. Basada al igual que las tres anteriores en hechos reales, la autora se mete en ella de lleno en la espantosa realidad del éxodo africano hacia las costas de España.

Su quinta novela es su primera histórica, “La Nodriza” (Ediciones B, 2006), basada en la vida de la reina Maria Antonieta, y que la ha encumbrado como una de las novelistas históricas más leídas de nuestro país.

En “Entre el cielo y la tierra, historias curiosas sobre el Purgatorio”, (Editorial Planeta, 2007), es su sexto y hasta ahora último trabajo. En él, la escritora madrileña nos presenta su primer ensayo, esta vez adentrándose en el interesante y desconocido mundo de lo que la Iglesia Católica llama “purgatorio”. En esta curiosa obra, también relata los avatares vividos por personajes de relevancia social en España que han tenido experiencias con los fantasmas, o “almas del purgatorio”.

Actualmente reside en Madrid, está casada y es madre de tres hijos.

UN ANGEL ME ABRAZO

Reseña de una peregrinación a Medjugorje

Gladys, mi esposa, quien fuera ya peregrina por segunda vez, insistía en que en un momento dado, la Virgen me llamaría y que yo, milagrosamente me encontraría un amanecer allí. El llamado vino y lo percibí con una intensidad poco común. Volar a Italia, luego a Split (Croacia) desde allí a Medjugorje por camino de montaña, fronteras aun en conflicto que fuimos salvando una a una, hasta llegar a la tan esperada Medjugorje, pero mí relato ya tiene mucho que ver, desde el mismo momento en que subimos al micro que nos trasladaría a destino.-

Luego de unos cuantos minutos de comenzar la ascensión a los cerros que debíamos atravesar, una voz ampliada, microfónica, la que supuestamente seria la de nuestro guía. Leo, un chileno de unos 52 años, altura imponente, quien hace mas o menos 30 años decidió con su familia trasladarse a Croacia y hoy domina el idioma y dialectos a la perfección, comenzó un relato histórico-religioso que nos ambientaría a cada uno de nosotros respecto a todo lo que íbamos a vivir.-

Su relato, su respeto y devoción por la Santa Madre y su Hijo, su cambiante tono de voz cuya modulación se imponía frente a mas de 20 personas que en profundo silencio vibraban ante tan conmovedora revelaciones, producto de su gran fe, que me hizo sentir la presencia de alguien muy superior a la de un simple guía y me dije , este hombre es un elegido, nos ha colocado en una posición espiritual que nos permitiría asimilar lo sagrado del lugar a donde nos dirigíamos y lo que íbamos a encontrar. Yo, para mis adentros tenia la plena convicción de que quien nos hablaba era “Un Ángel”.-

Llegamos a destino, la ciudad de Medjugorje, ya entrada la noche y sin más, nos dirigimos directamente a la pensión donde nos hospedaríamos los días subsiguientes, La Pensión Sulic. Fuimos recibidos por sus propietarios, una hermosa y trabajadora familia croata, con un afecto inconmensurable y con la mesa ya preparada para la primera cena.-

Magnifica la comida, totalmente casera moderadamente condimentada, abundante y adornada con ingredientes típicos de la zona, etc. A mi lado, pues nos sentamos sin elegir compañeros en una auténtica manifestación de confraternidad. Lo hizo una simpática monja, la hermana Inés, quien en un momento propicio nos hablaba con palabras elegidas llenas de paz, de fe, amor a la Virgen y respeto profundo a Dios, con una voz trémula pero firme y llena de una dulzura que no nos dejaba distraernos y esperábamos mas y mas. Y nuevamente sentí la misma sensación que cuando hablaba Leo, esta cálida mujer vestida de monja no cabe ninguna duda, es también un Ángel.-

Ya con lo sucedido, yo me encontraba desconcertado, había vivido en menos de 24 horas dos casos atípicos que me habían ubicado en el lugar en que realmente me encontraba.-

A la mañana siguiente luego de haber descansado placidamente después de un agotador viaje; Roma a Split y de Split casi 4 horas en ómnibus hasta Medjugorje serpenteando por la montaña y permanentemente subiéndola, nos presentaron el programa para este nuestro primer día. Misa y comunión y luego una entrevista con una monja peruana, Sor Vicky dedicada a la adoración a la Virgen, con conceptos claros de cómo ejercer el amor a Dios y a la Virgen.- Terminada su suave conferencia llena de espiritualidad y enseñanzas, llegaron los saludos, uno de los cuales y más afectuosos se los dedicó a Gladys: la recordaba con todo amor, quien a su vez me presentó como su marido, y ella, me estrechó sobre su pecho apretando mi mano y dándome un beso que sacudió todo mi ser aflojándome al punto de sentir que mis rodillas temblaban, mi piel se sensibilizaba al máximo y con todas esa sensaciones dije con un orgullo imposible de describir........ Un Ángel me abrazó.

Ya en este punto mi viaje estaba plenamente justificado, mi espíritu lleno de eso que solo se obtiene cuando la fe se reafirma y donde se dejan de lado los intereses personales y se acepta la voluntad de Dios por sobre todas las cosas. Comenzaron los días propiamente de peregrinación. Primera acción del día, ir a Misa, la que se realizaba en una capilla secundaria, hermosa y cálida al punto tal que participábamos de ella como si la rezáramos nosotros mismos. El sacerdote, el padre Juan Carlos, parte de nuestra peregrinación, un elegido como los otros que anteriormente describiera, con su guitarra a cuesta, la tenía a su lado mientras rezaba la santa misa y cantaba acompañándose él mismo, selecciones que te obligaban a cantar y participar y que el entonaba con una voz y una modulación, también angelical. Me pregunté: ¿Será este lugar el que Dios nuestro Señor eligió para establecer su Comando Superior, y todos estos personajes que voy relatando (y que hay mas) sus oficiales superiores preparándose para contrarrestar la maldita embestida que se ha desatado contra la Iglesia y nuestra religión en el mundo entero? Solo se que de ser así, sus oficiales funcionan pero sus soldados, nosotros, cada vez somos más y lo demuestra el hecho de que en cualquier lugar que uno entra, ya sea comercio, templo etc. Siempre hay alguien rezando el Santo Rosario.- A la tardecita, cuando el sol gira alocadamente y la hora 18.40 marca el momento en que la Virgen prefiere para hacer sus apariciones, se inunda el lugar de un suave y persistente aroma a rosas para unos, y de incienso para otros, como es mi caso. Un silencio diferente invade el lugar, todo el mundo detiene su actividad en homenaje a la Gospa, como se la llama a la Virgen y en seguida comienza la Adoración, donde en la iglesia principal se exhibe el Santísimo Sacramento y decenas de peregrinos hacen su confesión en las afueras de la iglesia con confesores en diferentes idiomas y siguen el ritual con devoción poco habituales, sintiéndose solamente la voz del sacerdote que en croata dirige las oraciones. Esto eriza la piel y obliga a uno a sumergirse en ese mar de oraciones, agradecimientos, arrepentimientos y promesas... conmovedor a tal punto que uno se fusiona y renuncia a bienes materiales, y frente a tanta espiritualidad valora las cosas de manera muy diferente.-

Unos ciento cincuenta metros atrás de la iglesia en una placita rodeada de plantas y flores con alguna cruz entrelazada entre la vegetación indicando el lugar donde descansa el alma de algunos o algunas de las protagonistas del nacimiento de ese rincón privilegiado, se alza una escultura maravillosa, la del Cristo Resucitado, de cuya pierna brota incesantemente gotitas de un liquido viscoso que los científicos no han podido determinar su origen. Radiografías, movimientos del lugar, pruebas científicas exigidas por los más descreídos y se espera que de un momento a otro sea declarada como efecto milagroso.-

Mientras cada uno se sumerge en lo más profundo de su conciencia, ya entrada la noche a pleno, inusitadamente se comienza a oír el trino de diversos tipos de pájaros, que cual amanecer, lo hacen durante todo el tiempo que duran las oraciones y alabanzas conjuntamente con los cánticos que configuran la ceremonia. Las adyacencias a la Iglesia cubiertas por millares de peregrinos arrodillados y orando sienten la compañía de las pequeñas aves trinando en alegre ofrecimiento.- La noche ya muestra la señal del descanso y poco a poco los peregrinos se van retirando lentamente, tratando de aprovechar hasta el último segundo, la paz atesorada, el bienestar de las bendiciones y la alegría inconmensurable de haber sentido la presencia de Dios y la Virgen una vez más.-

La peregrinación ofrece diferentes matices, siempre dentro de un marco de espiritualidad, como la visita al cerro de la Cruz Azul, el Oasis de Paz o el Cenáculo, todos lugares donde la oración, el amor a Dios y a la Virgen son los protagonistas, la visita a Siroki Brijeg, hogar del Padre Jozo y Tihalina, donde se encuentra la muy conocida imagen de Nuestra Señora. La conferencia dada por el Padre Jozo fue imperdible. El Padre Jozo, es un hombre, santo sin lugar a dudas, que tiene una historia durante la guerra con los serbios que es muy larga de contar pero llena de anécdotas muy tristes por cierto, una de las cuales y quizás la principal, la de haber visto quemar vivos a sus compañeros prisioneros durante la guerra.- Al terminar la charla con el Padre Jozo, nos reunió a todos y a cada uno fue haciéndole imposición de manos, cuando llegó a mi y puso sus manos sobre mi cabeza y hombro, sentí un gran estremecimiento hasta el punto de acongojarme y derramar algunas lágrimas, estado que él apaciguó, palmeándome la espalda. Solamente quien tuvo el privilegio de vivirlo, puede contar la experiencia fantástica, espiritual y conmovedora de ese santo ritual.-

El ascenso al monte Krizevac es otra de las posibilidades que tienen los peregrinos. Muy alto y con algunas dificultades, yo confieso que no me he animado por las advertencias que nos hacen antes del intento, pero es admirable como algunos con sus niños de 4 o 5 años, lo hacen sin inconvenientes como ofrecimiento y agradecimiento a la Virgen, nada es competencia y todo es solidaridad. Una monja bajaba con cierta dificultad y de repente apareció un peregrino con una estatura superlativa y físico privilegiado, la tomo de los brazos que pasó por su cintura y comenzaron a bajar cual canguro con su cría y en un abrir y cerrar de ojos estaba cumplida la misión. Ah, del peregrino con físico privilegiado nunca más se supo nada... ¿también ahí?

Algo que no puedo omitir en mi relato y que fue impactante, es la visita programada a la casa de un personaje, irlandés él, poseedor de una importante fortuna, quien construyera en la parte baja de su residencia, un pesebre con especiales características, lugar donde reúne a los peregrinos que lo visitan. Sentado en pequeños y bajitos banquitos, comienza la charla, la cual brota de su boca con un sonido profundo, pausado y habla sobre la Virgen, el lugar, donde la Virgen eligió y las múltiples experiencias vividas, sus cualidades espirituales como la de la sanación y sobretodo la predicación.

Pasaron muchas otras experiencias notables y a este punto ya todo era de un color diferente, se vibraba permanentemente pero en forma natural, una de ellas fue la "imposición de la vela" que me efectuara un sacerdote africano quien hacia este ritual y lo ofrecía amablemente a quien se lo solicitara. Yo se lo pedí y él solemnemente puso sus velas con forma de tridente como abrazando mi cuerpo y al finalizar puso su mano sobre mi costado izquierdo, precisamente sobre el "bazo" donde estaba radicada mi dolencia, y me susurró en un bastante claro español: "todo está bien" y siguió con su misión a las puertas de la catedral de Dubrovnick

Llegó la fecha del regreso, la que se hizo muy dura, pues abandonar un sitio como Medugorje lugar donde mucha gente que como yo, vivió una conversión la que no puedo calificar, como tampoco puedo explicar e hice, después de 50 años, una plena confesión, y menos manifestar  cuales fueron los mecanismos que movieron toda mi estructura humana y que me hicieran vivir esa espiritualidad, ya instalada definitivamente en mi corazón y en toda mi alma.-

Ya retornados y sumergidos en la rutina diaria, la cual estaba matizada con esa infinidad de circunstancias verdaderamente maravillosas vividas en el viejo continente y que nos marcaron para siempre, continuamos nuestras vidas imponiéndonos la misión de difundirlas siguiendo al pie de la letra los deseos de nuestra madre,  La Virgen María.-

Testimonio Final:  A pocos días de llegar y de acuerdo a lo convenido con mi hematólogo, que dicho sea de paso, quería efectuarme una “esplenéctomía” (extirpación del Bazo pues se encontraba de tamaño excesivo, antes de que viajara), concurrí  para un examen y evaluación general. Él, experto “palpador” cuyo tacto determinara con precisión el tamaño del órgano afectado en oportunidades anteriores, encontró dificultad para el diagnóstico y me programó una TAC (Tomografía Axial Computada) y análisis con distintas determinaciones expresando; “aquí algo pasó”. A los pocos días volví a la consulta con todos los resultados y el médico dijo: Aquí no hay nada, bueno Miguel, vuelva dentro de dos meses para hacer un chequeo y siga su vida normal sin disimular su asombro.- Yo agradecí en ese instante la Gracia recibida. En ningún momento fuí a Medjugorje pidiendo mi sanación pero si resignación, y sobretodo que mi familia no sufriera mi decadencia física y moral.-

Todos sabemos que en la vida hay indefectiblemente un final y aparentemente el mío se aplazó, pero me dió una oportunidad de una vida espiritual mejor, de corregir actitudes que no estaban de acuerdo con lo que quiere el Señor, de entender que hay almas en el purgatorio y que desde aquí podemos ayudarlas con nuestras oraciones a pasar a un plano superior y sobretodo orar, orar y orar que es lo que la Virgen pide y que en cada oración hablemos con el señor pidiéndole que nos perdone en ocasiones y en otras recibiendo sus bendiciones por llevar una vida acorde con lo que mandan los Sagrados Mandamientos y Preceptos de la Santa Iglesia.

Miguel Angel Tarruella
arrimat@fibertel.com.ar


DOLORES

Me llamo Dolores, tengo 36 años, casada hace 13 años y muy feliz en mi matrimonio. Tengo tres hijos varones de 5,7 y 9 años. Vengo de una familia católica, colegio religioso, etc. Podría decir que tuve una educación católica pero era atea en práctica. Siempre me admiraba la espiritualidad profunda de Juan, mi marido, pero nunca pude entenderla y menos experimentarla. Siempre pensaba y me decía “¿cómo puede la gente vivir rezando?”.

Ahora me pregunto “¿cómo puede la gente vivir sin oración?”.

Podría decir que mi conversión fue hace tres años. Decidí hacer un retiro de silencio total de 8 días. Buscaba algo en mi vida y no sabia que.

Nunca pude rezarle a nuestra quería Madre del cielo. Siempre que rezaba me refería a Jesús y en su defecto a Dios Padre, pero una oración muy vacía y fría, algo que tenia que hacer porque así me lo habían enseñado. Al cuarto día del retiro vi una estampita de la Virgen María que me impacto por la paz de su mirada y me dije “Si me la tuviera que imaginar a María, me la imaginaria así, como la estampita”.
Ese mismo día me di cuenta que la relación con mi madre terrenal hacia que no pudiera rezarle a María. En ese momento no sé que me pasó, pero sentí una paz increíble dentro mío, me caían lágrimas de alegría. Algo había sanado. Ya no estaba mas enojada con mi madre terrena. Tenía una paz que jamás había conocido antes.

Empecé a disfrutar por primera vez de la oración, aunque ahora, en cuanto cerraba los ojos se me venia la imagen de la Virgen María de la estampita que había visto. Pasaron seis meses desde ese día (durante todo ese tiempo siguió estando esa paz dentro mío y una devoción total a María) cuando me anunciaron que estaba con un cáncer de pleura, algo muy poco común y menos en mujeres de mi edad. A los dos días de enterarme me operaban. Cuando entro al quirófano veo en la parte superior de la puerta la misma imagen del retiro pero en tamaño muy grande. Ahí supe que la imagen que tanto me había impactado era la de María, Reina de la Paz de Medjugorje. Ella estaba conmigo nuevamente. La paz me volvió a invadir y la confianza en ella fue total. Al mes me volvieron a operar y después tuve dos meses de rayos.

Mi estado de ánimo nunca decayó. Mucha gente me aconsejaba que viera a psicólogos y derivados ya que no era normal que estuviera tan bien de ánimo. Después de un corto tiempo decidí ver a un equipo de psicólogos que atienden a pacientes y familiares oncológicos por las dudas, en una de esas tenían razón, pero no fue así, ellos mismos me ofrecieron que vaya las veces que quisiera pero no creían que me hiciese falta. Yo sabía que mi bastón era María, mi queridísima madre, ella me daba una paz indescriptible y una alegría permanente. Mi confianza seguía siendo total a pesar de saber que según las estadísticas de mi cáncer tenia aproximadamente 8 meses por delante. Cuando paso un año decidí ir a Medjugorje, ese pueblo en Bosnia & Herzegovina. Sabía que mas que ir a pedirle algo iba a agradecerle tanto!!! Ese año y medio tan especial que había convivido con ella fue más de lo que jamás me imagine que pudiera tener. Estando allá pude confirmar su presencia, su compañía y por sobre todo su amor y paz.

Las palabras no alcanzan para expresar lo que siente el corazón, en el encuentro con Dios.
Ya pasaron dos años y medio desde el día del diagnóstico y tres años desde el día de mi conversión. Puedo decir después de este tiempo de controles, médicos, etc., que fueron los años mas felices y plenos de mi vida. Dios me regalo esta gran oportunidad de conocerlo y sentirlo a través de mi enfermedad , de la mano de María, nuestra querida Madre. Sigo haciéndome los controles periódicamente (que me dan bien) y hago todo lo clínicamente posible, el resto lo dejo en sus manos.

Lo que más me asombra es que esta enfermedad me lleno de alegría y se que no hubiera sido posible si Ella no hubiera estado en el medio. María me llevo a Dios, ya que siempre se aparecía en mi camino a través de personas, imágenes, causalidades (que solemos llamar casualidades), etc. Siempre fue Ella, la Reina de la Paz de Medjugorje. Esa imagen tan perfecta.

P. MARTIN SERANTES

Diócesis de Morón ­ Buenos Aires
Pienso que Medjugorje es una exageración, algo que ya se pasa de la raya y de la lógica. Pienso que esta tan gran exageración sólo se la explica desde la exagerada manera de amarnos que tiene Dios. Dios nos creó por una exageración de amor. Somos sus creaturas amadas hasta el infinito.

La Historia de la Creación, y más aún, la Historia de la Redención, es una Historia de amor apasionado.

El amor es apasionado, o no es. No sería amor. El amor es del todo y para toda la vida. Siempre fui pensando estas cosas en la vida, en el crecimiento espiritual. Y al conocer y vivir estos acontecimientos de Medjugorje, todo esto se me grabó a fuego en mi corazón. Lo que era intuición se transformó en certeza. Es haber vivido una confirmación de las verdades más hondas del corazón.

Esta es mi vivencia de Medjugorje, y pienso que este mismo espíritu fue el vivido por nuestro grupo peregrino. 

Qué difícil compartir una experiencia del corazón. Con dos o tres palabras pareciera que ya estuviese todo dicho... o quien sabe con mil palabras uno aún no ha comenzado a compartir lo más hondo, lo más querido.

No puedo olvidar Medjugorje, lo llevo entero en mí. Quiero compartirlo, y quiero hacerlo más que nada por amor. Por el silencio. Por el amor incondicional a cada hermano, a cada hermana. También por un deseo de santidad, de coherencia de vida.

Doy gracias al Padre por este misterio de amor, y por habernos invitado a vivirlo tan, tan de cerca. El nos guíe para dar testimonio de su eterno amor. Amén.

Castelar, 29 de julio de 2000.

MIR (en idioma croata, "Paz")
es, quizás, la palabra más adecuada que encuentro para describir la experiencia religiosa que se puede vivir en Medjugorje. Palabra que, a su vez, invita a pensar en otras tres que surgen de las letras que la componen: María, Intercede, Reconciliando.

La presencia de María en el lugar es más que evidente, no sólo por las apariciones sino, aún más, por lo que se puede sentir en el propio corazón.

Su presencia es, a la vez, Intercesora, porque nos acerca a través de sus mensajes a su hijo Jesucristo y por él  al Padre en la efusión del Espíritu Santo de la que ella es esposa. Por último, su presencia es Reconciliadora, ya que  por intermedio de la oración, el recogimiento y la meditación, a los que invita continuamente el lugar, nos ayuda a reconciliarnos con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Y de esa reconciliación surge, sin duda, la Paz interior.

Quien desea vivir una experiencia mística y espiritual, que trasciende lo cotidiano, podrá hallarla en Medjugorje y a su regreso se encontrará con nuevas herramientas para continuar en este caminar del peregrino de la vida que busca el encuentro con Dios.

Jesús María Silveyra








CARTA DE PASCUA PARA LOS HERMANOS QUE ORAN

"Querida y atesorada familia orante,
 
La pascua está delante nuestro, la fiesta de la paz. Para que el mundo, La Iglesia y cada familia encuentren paz y posean La Paz, deben estar aquellos que oran y velan con María, como  lo hicieron los discípulos, en la antesala de la Última Cena. Nuestra Familia es una respuesta a Su llamado: " Formen grupos de oración".
 
El objetivo y el sentido de nuestra gran familia, es esforzarse por la conversión, e inspirar una decisión por la santidad, en respuesta al llamado de Nuestra Señora del 25 de Noviembre de 1988: "Queridos Hijos, decídanse por la santidad. Dejen que su conversión y la decisión por la santidad, comience hoy, y no mañana……".
 
Nuestro movimiento de oración nació en el corazón de Nuestra Señora, dentro del plan para la conversión del mundo. Nuestro llamado es para estar con los otros, para sentir con los otros y sacrificarnos por los otros.
En cualquier caso en que yo introduzco a nuestra familia que está desparramada en tantos países alrededor del mundo, todos sienten la grandeza y la fuerza de nuestro llamado. Estamos unidos como una red que el Señor, como Divino Pescador de las almas, sostiene en sus manos.
 
Esa unidad y apertura a la voluntad de Dios - ese testimonio del amor de Dios-  es la fuerza de nuestra comunidad. Cada orador que se une, como  leal vidente, es llamado a dar fruto, testimoniando el Amor de Dios. Es el fruto que habla del árbol, como el Señor nos dice:" si el fruto es bueno, el árbol es bueno".
 
Miremos más profundamente en los mensajes en que "La Reina de la Paz", intensifica nuestro compromiso "que la oración se transforme en un gozo para ustedes. Renueven la oración en sus familias, y formen grupos de oración. De este modo, experimentaran alegría y unidad. Todos aquellos que oran y son miembros de grupos de oración, están abiertos en sus corazones, a la voluntad de Dios, y con alegría testimoniarán el amor de Dios." (25 de septiembre de 2000)
 
Hay muchos entre nosotros que no han llegado a conocer el amor de Dios, y es por eso que necesitamos orar. La oración es la fuerza que lleva  al hombre hacia Dios. La oración es ese magnetismo espiritual, que irresistiblemente arrastra a la gente, y los libera de todo tipo de mal y errores de nuestro tiempo.
 
Una vieja anécdota dice: "Las palabras inspiran, los ejemplos atraen". Esto se aplica a cada uno de nosotros y a nuestras misiones. Nuestro ejemplo es nuestra mejor recomendación. El llamado a la santidad, es nuestro llamado, y necesitamos responder a él diariamente. Es de este modo que Nuestra Señora, nos educa y nos dirige a la realización del llamado fundamental de la santidad. Es imposible alcanzar la santidad, sin los mensajes de  Nuestra  Señora, llamado: "Su Programa".
 
En el mensaje del 25 de febrero de 2004, Ella  nos implora que abramos nuestros corazones a Sus mensajes, como hasta ahora nunca lo habíamos hecho, y que los recibamos como una nueva semilla en nuestras vidas. El fruto de esa semilla es visible. Es el llevar a otros a Dios.
 
Esta es la misión de la Iglesia. El amor hacia Dios, y a nuestro prójimo,  nos transforma en aquellos que poderosamente llevan a otros a Dios. En ello está el secreto de todo  llamado y apostolado.
 
Hoy, somos testigos de tantos individuos y familias que están quebrados y desconformes, como el apóstol Tomás, ellos no pueden creer. Ellos no saben como rezar.  No pueden perdonar. No se pueden confesar o retornar al Padre. Solo el Jesús resucitado, a través de sus testigos, puede liberar, convertir, cambiar y llenar esos corazones que están sin esperanza, y llenarlos con paz y nuevo entusiasmo. Que importante es la vocación de ser los instrumentos en las manos de Dios. Que importante, es hoy, ser una señal en el camino, para todos aquellos que están buscando - como las vírgenes previsoras, tener la luz y eliminar la oscuridad del corazón, tener la lámpara y el aceite y encenderlas en la vida del prójimo.
Este es siempre el trabajo de Dios.
 
Mis queridos, que la experiencia de la Pascua, los sobrecoja, y una nueva esperanza los colme. Para cada miembro de nuestra familia de oración, que la Santa Misa se transforme en la experiencia de los dos discípulos camino de Meaux, en este tiempo santo. Lo reconocemos a Él, en la misa. Lo reconocemos cuando parte el Pan de Vida, para nosotros. Este reconocimiento se ha transformado en nuestra inspiración fundamental; para caminar el mismo viaje, y para testimoniar a todos lo que ha pasado. Nuestra vida y nuestro apostolado en nuestras familias, en nuestras Parroquias, en nuestras Iglesias, es la fuerza que recibimos de la EUCARISTÍA. La Eucaristía es nuestro corazón. Es nuestro rayo de sol que ilumina nuestro camino. Es la fuerza que nos da coraje para estar en nuestros encuentros sin miedo, y dejarlos a los demás como nuevos individuos, como testigos. Este será el tema de reflexión en la reunión anual de este año, bajo la luz de los mensajes de Nuestra Señora.

 
Oren para que esta reunión anual, sea una reunión fructífera y de gozo en el Señor, para todos nosotros. Que la alegría y la paz de la Pascua, llene sus corazones, y que fluya abundantemente de sus corazones a todas las almas que encuentren. Que el Señor Resucitado les dé paz y perseverancia. Que Él ilumine sus corazones, para que puedan reconocer el apremiante llamado que Él nos hace.
 
Con total gratitud a Dios por ustedes, me arrodillo y oro por cada uno de ustedes. ¡Una Bendita y Feliz Pascua para todos ustedes, con todo mi corazón!
 
Muy sinceramente, su hermano en Cristo, Fr. Jozo Zovko, O.F.M









Hermanos de Medjugorje:

Este año se cumplen 5 años de la desaparición física de Fr. Slavko Barbaric
Una buena foto para recordarlo sonriente y tenerlo presente en el corazón junto al mensaje que nuestra Santísima Madre nos diera aquel 25 de noviembre de 2000:

Queridos hijos! ”Hoy, cuando el cielo está de manera especial cerca de ustedes, los invito a la oración, para que a través de la oración pongan a Dios en el primer lugar. Hijitos, hoy estoy cerca de ustedes y bendigo a cada uno con mi bendición maternal, para que tengan fuerza y amor para todas las personas que encuentren en su vida terrena y para que puedan dar el amor de Dios. Me recocijo con ustedes y deseo decirles que vuestro hermano Slavko ha nacido al Cielo y que intercede por ustedes. “¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”



LETANÍAS DE FR. SLAVKO

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, escúchanos.
Cristo misericordioso, escúchanos.
Dios, Padre del Cielo, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad,ten piedad de nosotros.
Santísima Virgen María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Fr. Slavko, intercede por nosotros.
Hijo amado de nuestra Madre María, intercede por nosotros.
Hijo fiel de nuestro hermano Francisco, intercede por nosotros.
Apóstol consagrado a nuestra Señora Reina de la Paz, intercede por nosotros.
Santo administrador de los misterios sagrados de Dios, intercede por nosotros.
Abogado celoso de la paz entre Dios y los hombres, intercede por nosotros.
Abogado infatigable de paz de toda la humanidad, intercede por nosotros.
Abogado enérgico de la paz entre las naciones, intercede por nosotros.
Maestro ejemplar de la oración con el corazón, intercede por nosotros.
Facilitador y oficiante de las Santas Liturgias, intercede por nosotros.
Discípulo entendedor de los mensajes de la Gospa, intercede por nosotros.
Delicado terapeuta para aquellos que sufren, intercede por nosotros.
Proveedor generoso de huérfanos y necesitados, intercede por nosotros.
Cuidador santo del Santuario de la Gospa, Intercede por nosotros.
Oremos,


Fr. Slavko – La Gospa te ha llamado a su santo santuario en la Parroquia de Santiago Apóstol para que puedas ayudar a entender y difundir con ternura sus mensajes de paz al mundo, pastor de peregrinos de cada nación.

Gracias a tu santa vida y obras, consagradas a la Reina de la Paz, ni siquiera percibiste el paso de esta vida a la otra, precisamente como Nuestra Santísima Madre lo había prometido.

Dado que Ella nos asegura tu constante intercesión por nosotros, íntimamente te pido continúes guiándome en mi peregrinar durante esta vida, y encomienda los deseos de mi corazón al Corazón Inmaculado de mi Madre y al Sagrado Corazón de su Hijo, Jesús.
Y te pido esto en el nombre de Jesucristo que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo.

Amén.

KRIZEVAC - EL MONTE DE LA CRUZ

El 24 de noviembre de 2001, en el primer aniversario de la muerte de Fr. Slavko Barbaric, y en el lugar en que entregó su alma en las manos del Señor, fue levantado un monumento: un relieve en bronce de Fr. Slavko Barbaric empotrado en piedra. Entre dos estaciones del Vía Crucis, quedará como símbolo y recuerdo de un hombre que decía lo que pensaba y hacía lo que decía, siguiendo el Evangelio y los mensajes de la Reina de la Paz.

Padre Slavko Barbaric
Fra Slavko Barbaric

DIMENSIONES ANTROPOLOGICO-BIBLICAS Y RELIGIOSO-ESPIRITUALES DE LAS PEREGRINACIONES
CON APLICACION CONCRETA A MEDJUGORJE

I. EL HOMBRE EN BUSCA DE DIOS


Las peregrinaciones son conocidas en todas las religiones. Ellas son expresión del hombre que busca a Dios en los lugares en que Dios se ha manifestado de manera particular, donde ha dado a las personas la posibilidad de sentir más fácilmente Su presencia o a través de personas especialmente dotadas, los cuales, gracias a sus dones, llegaron a ser signos especiales de la presencia de Dios. Por tanto, existen lugares de peregrinación que atraen a la gente, que los visita buscando nuevas experiencias de Dios, especialmente la experiencia de la paz, del gozo, del amor y de la esperanza. Con cada peregrinación, el hombre sale de su vida cotidiana, dejando el trabajo, la familia, a los amigos, la seguridad y emprende el camino empujado por un anhelo propio de encontrar nuevamente a Dios.

Aunque el fundamento de toda peregrinación es el anhelo de Dios, el salir de la vida cotidiana y abrirse a lo divino, motivo primario de toda peregrinación, también existen seguramente motivos secundarios que acompañan a las peregrinaciones de hoy - conocer el mundo y sus parajes, los pueblos y sus costumbres. Si sucediera que todo quedara únicamente en esto, entonces, sería turismo. Una gran aporte al motivo primario y a todos los posibles motivos secundarios lo representa la curiosidad humana, que, en un primer momento, puede superar todos los demás motivos. Existen lugares de peregrinación que surgieron por causa de una intervención divina directa en la vida de un hombre o de varios (así principalmente han surgido los lugares de peregrinación marianos vinculados con las apariciones) o han surgido lentamente con el pasar del tiempo, frecuentemente después de la muerte de algún elegido especialmente por Dios o bien, por medio de intervenciones carismáticas de algunas personas de la Iglesia. Independientemente del hecho de cómo han surgido los lugares de peregrinación, en todos, el hombre-peregrino siempre busca lo mismo. Debido a que frecuentemente el peregrino acude a estos lugares por motivos diversos, es deber de las personas que organizan el trabajo en los lugares de peregrinación, ayudar a cada peregrino a llegar a ser conscientes de la verdadera motivación de la peregrinación: un encuentro con Dios, el cual está esperando al hombre. A fin de dar forma a una peregrinación, hay que utilizar todos los medios a disposición, para que entonces suceda lo que debe suceder: el encuentro entre Dios, que está esperando, y el hombre que lo busca. Por tanto, es necesario tener claro quén es el hombre y qué es lo que desea, y lo que Dios ofrece como respuesta. Una particular disposición de ánimo peregrinante nos permite decir que el hombre es por sí mismo PREGUNTA Y BUSQUEDA DE UNA RESPUESTA, MIENTRAS QUE DIOS ES LA RESPUESTA Y ESPERA AL QUE BUSCA.


II. EL HOMBRE BUSCA LA PAZ

El hombre es un ser físico y compuesto de alma y espíritu. Está dotado de razón, de libre voluntad y de un espectro amplio de experiencias espirituales. El hombre lleva en sí mismo un profundo anhelo de realización. Esta autorealización es buscada por el hombre de manera permanente y lo que él busca se puede expresar con estas palabras: El hombre es un ser que tiende hacia la paz. Por tanto y sin lugar a duda, se puede decir que la casa del hombre es el lugar donde encuentra "su paz". La búsqueda de la paz es el motivo principal de toda accion humana y de toda la vida. La experiencia nos dice que el está dispuesto a hacer todo lo bueno - incluso el sacrificio de la propia vida - cuando en su camino siente la "paz". Pero, de la misma manera, si el hombre no encuentra la paz haciendo el bien y abriéndode a valores humanos positivos, comienza a buscar la paz en el mundo de lo negativo y de lo destructivo. Así el hombre puede destruirse a sí mismo, destruir a los demás y todo lo que lo rodea, con tal de conseguir la paz. Si observamos el crecimiento y el desarrollo del hombre a partir de su fecundación, entonces descubrimos que le es necesaria la paz a fin de poder crecer y desarrollarse. Si la madre está en paz, entonces el niño que lleva en sus entrañas gozará de la paz y se desarrollará "en gozo". Si la paz de la madre se ve afectada por alguna razón mientras lleva a su hijo en sus entrañas, el niño nacerá con profundas consecuencias y perturbaciones de las cuales no se podrá liberar durante toda su vida. El niño, cuando nace, para que pueda continuar su vida en el mundo de manera pacífica, necesita ser aceptado y amado. La experiencia también muestra que muchos niños experimentan serias perturbaciones por causa de los celos, cuando se dan cuenta que la familia está esperando la llegada de un nuevo hijo. Sólo la experiencia que demuestre que con este nuevo niño no se verá amenazado sino enriquecido, y que será en adelante amado y aceptado, permitirá que la paz vuelva a este niño. Durante el crecimiento y el desarrollo nada se cambia, sólo que el hombre, de una manera diversa, manifestará su perturbación y buscará de otra forma la paz - de un modo positivo o negativo. Aquí se nos pone una pregunta fundamental: Es el hombre un desterrado que una vez, hace mucho tiempo, perdió su "casa de la paz" y procura por todos los medios encontrarla o en su corazón ha sido imprimido un anhelo de paz que supera todas las promesas ofrecidas por el mundo en que vive? No es tarea nuestra aquí analizar todas las premisas antropológico-psicológicas y las respuestas, ya que hay algo común para todos: el hombre concreto, dotado de razón, de libre voluntad y de alma, desea vivir en paz y el mundo que experimenta en sí mismo, no le asegura totalmente tal paz, por lo que la busca incansablemente y no puede desechar el deseo de realizarla. Para poder experimentar la paz y permanecer en "su casa de la paz", deben ser satisfechos todos los niveles humanos, es decir, la razón, el libre albedrío, el espíritu y el alma.

En eso el hombre se diferencia esencialmente del mundo animal. Los animales no se superan a sí mismos en búsqueda de la paz. Les basta haber calmado el hambre y la sed, haber satisfecho sus necesidades instintivas y quedan en paz. Y las bestias más feroces pierden su agresividad cuando satisfacen sus instintos. No podemos olvidar que existen corrientes de pensamiento en la antropología, psicología y sociología que procuran convencer al hombre que para la paz se necesita algo más de lo que necesitan los animales, pero ese algo más no supera en ningún caso los horizontes de este mundo. Nuevamente la experiencia nos confirma que, a medida que el hombre se siente cada vez más satisfecho a nivel físico-instintivo, en la misma medida se pone más intranquilo, agresivo y, por tanto, más peligroso para sí mismo y para su ambiente, si su ser no ha sido permeado por realidades espirituales.


III. LA IMAGEN BIBLICA DEL HOMBRE - UN DESTERRADO SIN PAZ

La imagen bíblica del hombre es transcendental. El hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gén. 1,27). Dios le ha dado la posibilidad de colaborar con El y en unidad con Dios, la de realizar su paz y felicidad en esta tierra. El hombre había sido colocado en el paraíso terrenal en el cual gozaba de la paz en amistad con Dios. Sin embargo, sucedió algo que la narración bíblica define como el pecado original. El hombre se equivocó puesto que quiso apoderarse de algo que le había sido prohibido y con eso, destruyó la unidad con Dios y la recíproca unidad. El no soporta más la presencia de Dios, ya que los pasos de Dios, es decir, la presencia de Dios lo ha asustado y él se ha escondido. Las consecuencias que recaen sobre el hombre son pesadas. El no reconoce su culpa sino que la atribuye a otro, el hombre - Adán - a su mujer - Eva, y Eva, por su parte, la atribuye a la serpiente-satanás, que la ha engañado.
Seguidamente, el hombre pierde su paz, su existencia se ve amenazada, ya que todo se ha puesto en contra de él y debe abandonar el paraíso terrestre, debe salir de su "casa de paz" y ser un desterrado, expuesto a dificultades y problemas, a un trabajo agotador, debe comer un pan amargo trabajando con el sudor de su frente (cfr. Gén. 3,17-19). Según la narración bíblica, por consiguiente, el hombre antes había gozado de la paz, pero la perdió y fue expulsado del paraíso, y llegó a ser un desterrado. El destierro se transforma en una peregrinación, ya que Dios no abandonó al hombre sino que le dio una esperanza, le anunció a la mujer con el niño que vencerá el mal y hará regresar al hombre a su paraíso perdido, a un nueva "casa de la paz". Toda la historia bíblica muestra a un hombre que erra y busca a Dios, a un Dios que se manifiesta y va al encuentro del hombre y le ofrece la paz.

Según la narración bíblica, el hombre se halla cruficado entre el recuerdo de la vida en el paraíso y las necesidades interiores de una entrada definitiva al ámbito de la paz, la cual ya le ha sido prometida aquí en la tierra, pero que se consolida definitivamente en el eterno Reino de Dios, reino de paz, justicia y verdad. Los profetas continuamente han anhelado la paz, han orado y cantado por la paz que el Señor en Su amor dará a Su pueblo. Todas las expectativas de los profetas se tenían que realizar en el Mesías que habría de venir y de crear condiciones nuevas para la realización de una paz definitiva, mesiánica.

En la tradicion bíblica se mencionan diversos lugares de peregrinación, lugares a los cuales el pueblo acude para buscar a su Dios. Se mencionan reuniones religiosas de peregrinos. Uno de ellos es Sekem, lugar en que el pueblo se reunió en el santuario con el Señor y en el que pactó una alianza con Yavé (cfr. Jos 24,25). Además de Sekem como lugar de reunión se mencionan Betel (1 Sam 10,3), Bersebá (Am 5,5), y Ofra y Sorá (Jue 6,24 y 13,19 y sig.).

Posteriormente se suprimieron todos los santuarios y se introduce la Pascua (2 Re 23; 2 Cro 35) y la fiesta de las Siete Semanas y la de los Tabernáculos (cfr. Dt 16,1-17) que se celebran en Jerusalén. El sentido de estas reuniones en un lugar tienen dos objetivos: reunir al pueblo ante su Dios y protegerlo de la idolatría y del paganismo. Por último, el único lugar de peregrinación que queda es el templo de Jerusalén. Alrededor del templo se renían multitudes provenientes de Palestina y de la migración con una misma finalidad: que el pueblo se mantenga en la fe verdadera y no se desvíe de su Dios. Aquellos fueron días de oración y adoración hacia el Dios verdadero, días de expresión de devoción a la ciudad santa y, por último, la realización de una profunda alianza del pueblo de Dios. La peregrinación no se realiza únicamente como una visita concreta a un lugar santo, en que Dios se ha manifestado, sino que se explica como un evento escatológico. Se habla del "día de la salvación" que ha sido ideado como una reunión de peregrinos de todos los pueblos y de los paganos. En Isaías, el Señor dice: "Ahora vengo a reunir a todos los pueblos de todos los idiomas. Y cuando habrán venido, serán testigos de mi gloria. Yo haré un prodigio en medio de ellos y, luego, mandaré los sobrevivientes hacia todas las naciones y las islas más lejanas ... Y, de todos los pueblos, traerán a todos tus hermanos dispersos como una ofrenda a Yavé, a caballo, en carro, en carretas, a lomo de mula o de camello. Me los traerán a mi cerro santo en Jerusalén ... (Is 66,18-20). Y el profeta Miqueas escribe: "..., el día en que vendrán a ti desde Asiria hasta Egipto, desde Tiro hasta el Eufrates, de uno a otro mar, de una a otra cordillera." (Mi 7,12).


Es suficiente aquí recordar los salmos peregrinos del 120 al 134 para sentir todo el significado del peregrinaje en el pueblo israelita:

"Me puse alegre cuando me dijeron:
Iremos a la casa del Señor.
Ahora nuestros pasos se detienen,
Jerusalén, delante de tus puertas.
Jerusalén ha sido edificada
como ciudad que forma un buen conjunto;
allá suben las tribus,